Alimentación
Son preferibles las dietas variadas, no excesivamente restrictivas y adaptadas a los gustos y necesidades de los pacientes.
La alimentación deberá tender a un patrón de dieta mediterránea, estamos hablando de una dieta hipograsa y moderadamente restrictiva en hidratos de carbono, con la siguiente proporción de macronutrientes: hidratos de carbono alrededor del 50 por ciento, proteínas en torno al 20 por ciento y grasas sobre el 30 por ciento, de ellas sólo una tercera parte o menos saturadas y con ausencia en lo posible de grasas trans, el consumo de fibra debe ser alrededor de 30 gramos/ día.
Se debe estimular el consumo frecuente de frutas, verduras, hortalizas, cereales integrales, legumbres y frutos secos (en cantidades limitadas).
Es importante limitar el consumo de fritos, comida rápida y precocinados, carnes procesadas y refrescos (y otras bebidas azucaradas incluidos los zumos), bollería industrial, galletas y lácteos enteros.
Se recomienda beber de 1,5-2 litros de agua al día y evitar el consumo de alcohol.